Kriya Yoga: la técnica suprema para la realización divina

Del legado sapiencial de Paramahansa Yogananda

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Esta técnica suprema de liberación espiritual, que comenzó a diseminarse desde una cueva secreta del Himalaya, se extiende ahora por todas las tierras, ayudando a los buscadores de Dios del mundo entero a avanzar espiritualmente lo más rápido posible hacia la meta de la comunión personal y directa con Dios.  

La presente antología ofrece una selección de citas de Paramahansa Yogananda sobre la naturaleza, el papel y la eficacia del Kriya Yoga como la técnica preeminente de salvación, enviada a la tierra por Dios y los grandes Maestros como un designio especial para esta era.

1861: el renacimiento del yoga en los tiempos modernos

Fue a la edad de treinta y tres años cuando Lahiri Mahasaya vio el cumplimiento del propósito para el cual había reencarnado en la tierra: encontró a su gran maestro Babaji, cerca de Ranikhet en el Himalaya, y recibió de él la iniciación en Kriya Yoga.

Este afortunado evento no benefició solamente a Lahiri, sino que fue un momento afortunado para toda la raza humana. El más elevado arte del yoga, que permaneciera perdido y largamente olvidado, fue traído otra vez a la luz.

Así como el río Ganges descendió del cielo a la tierra, según relatan los Puranas, para mitigar con sus divinas aguas la sed del devoto Bhagirath, así en 1861 el río celestial de Kriya Yoga comenzó a descender desde las secretas cimas del Himalaya hacia las polvorientas moradas de los hombres.

Desconocido para la sociedad en general, un gran renacimiento espiritual comenzó a fluir en 1861, en una remota parte de Benarés. Tal como la fragancia de las flores no puede ser suprimida, así Lahiri Mahasaya, viviendo quietamente como un ideal hombre de hogar, no podía ocultar su gloria innata. Poco a poco, de todas las regiones de la India, como las abejas, los devotos buscaron el néctar divino del maestro liberado. [...]

Su singularidad como profeta descansa en su esfuerzo práctico para establecer un método definido, el Kriya, con el fin de abrir por primera vez las puertas de la libertad del yoga a todos los hombres. Sin considerar los milagros de su propia vida, el Yogavatar llegó ciertamente al cenit de todas las maravillas al reducir las antiguas complejidades del yoga a una efectiva simplicidad, al alcance de la comprensión ordinaria. [...]

«La unión con Dios —proclamó el Yogavatar— es posible por medio del propio esfuerzo personal y no depende de creencias teológicas ni de la voluntad arbitraria de un Dictador Cósmico».

Por medio de la llave de Kriya, quienes no pueden llegar a creer en la divinidad de ningún hombre conocerán, al fin, la plenitud de la divinidad de su propio ser. Se trata de una ciencia antigua.

En el Bhagavad Guita, el Señor le dijo a Arjuna:

«Yo impartí este yoga imperecedero a Vivasvat (el dios sol); Vivasvat reveló este conocimiento a Manu (el legislador hindú); Manu se lo confirió a Ikshvaku (el fundador de la dinastía solar de los kshatriyas). Transmitido de este modo en sucesión ordenada, lo conocieron los rajarishis (rishis regios). Mas, ¡oh Fulminador de los enemigos (Arjuna)!, con el largo transcurso del tiempo, este yoga se perdió de vista en la tierra»  (IV:1–2).

En estas dos estrofas se proclama la antigüedad histórica del Raja («regio») Yoga, la ciencia eterna e inmutable de la unión del alma con el Espíritu. Al mismo tiempo, desde el punto de vista esotérico, ambas aportan una descripción concisa de esta ciencia: las etapas por las cuales el alma desciende desde la Conciencia Cósmica hasta el estado mortal de identificación con el cuerpo físico, y el camino que debe recorrer para ascender de nuevo hasta su Origen: el supremamente bienaventurado Espíritu Eterno. [...]

El ascenso sigue el mismo camino que el descenso, pero a la inversa. En el hombre, este camino es la autopista interior hacia el Infinito, la ruta única que conduce a la unión divina a los seguidores de todas las religiones, en todas las épocas. Cualesquiera que sean los caminos secundarios de las creencias o prácticas por los que se llegue a esta única autopista, la ascensión final de la conciencia corporal al Espíritu es la misma para todos: retirar la vida y la conciencia que se hallan en los sentidos, a fin de conducir ambas en dirección ascendente y hacerlas pasar a través de los portales de luz situados en los centros cerebroespinales sutiles. El objetivo es fundir la conciencia material en la energía vital, la energía vital en la mente, la mente en el alma y el alma en el Espíritu.

El método de ascenso es Raja Yoga, la ciencia eterna que ha formado parte de la creación desde el principio mismo.

Un designio especial para la era presente del mundo

Durante el descenso del hombre de una Edad Espiritual a una Edad Material, el conocimiento de la ciencia del yoga declina y permanece en el olvido. [...] En la presente Edad Atómica que asciende de nuevo, la indestructible ciencia del Raja Yoga está renaciendo en la forma de Kriya Yoga por la gracia de Mahavatar Babaji, Shyama Charan Lahiri Mahasaya, Swami Sri Yukteswar y sus discípulos. [...]

Como un divino designio especial, a través de Cristo, Krishna, Mahavatar Babaji, Lahiri Mahasaya y Swami Sri Yukteswar, fui yo escogido para difundir la ciencia del Kriya Yoga en el mundo entero a través del yoga original de Krishna unido al cristianismo original de Cristo, tal como se hallan representados en las enseñanzas de Self-Realization Fellowship.

Fue a petición de Mahavatar Babaji (a quien siempre percibo unido a Krishna en Espíritu), de Cristo y de mi gurú y paramgurú, y con las bendiciones de ellos, que fui enviado a Occidente y emprendí la tarea de fundar Self-Realization Fellowship, a fin de que se convirtiese en el instrumento para preservar la ciencia del Kriya Yoga y diseminarla por el mundo entero.

Krishna es el divino ejemplo del yoga en Oriente; Cristo fue elegido por Dios como ejemplo de la unión con Dios para Occidente. El hecho de que Jesús conoció y enseñó a sus discípulos la técnica de Raja Yoga para lograr la unión del alma con el Espíritu se demuestra en un capítulo profundamente simbólico de la Biblia, el «Apocalipsis» (la revelación de Jesucristo a San Juan)*.

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El Bhagavad Guita es la más amada de las escrituras de la India acerca del yoga —la ciencia de la comunión divina— y ofrece un método inmemorial para obtener el éxito equilibrado y la felicidad en la vida cotidiana. La obra completa de Paramahansa Yogananda sobre el Guita se titula «Dios habla con Arjuna: El Bhagavad Guita —La ciencia suprema de la unión con Dios» y consta de dos volúmenes, publicados por Self-Realization Fellowship, Los Ángeles (California). Él escribió: «Mi gurú y mis paramgurús —Swami Sri Yukteswar, Lahiri Mahasaya y Mahavatar Babaji— son rishis de la era actual, maestros dotados de la realización de Dios y, por sí mismos, constituyen escrituras vivientes. Ellos han legado al mundo —junto con la técnica científica del Kriya Yoga, perdida durante largo tiempo— una nueva exposición del sagrado Bhagavad Guita, relacionada ante todo con la ciencia del yoga y, en particular, con el Kriya Yoga».
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Babaji se encuentra en comunión constante con Cristo; ambos unidos irradian vibraciones redentoras y han planeado la técnica espiritual de salvación para esta era.

El Kriya Yoga se centra en la verdad, no en el dogma sectario

Las enseñanzas de Lahiri Mahasaya son apropiadas sobre todo para la época moderna, porque no requieren que uno crea de manera dogmática, sino que, mediante la práctica del Kriya Yoga, cuyas técnicas son de probada eficacia, se descubre por experiencia propia la respuesta a la eterna pregunta, «¿Cuál es la verdad?», acerca de uno mismo y de Dios.

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La verdad no consiste en una determinada teoría, ni en un sistema de especulación filosófica, ni en una concepción intelectual. La verdad consiste en una perfecta concordancia con la realidad. En el caso del ser humano, la verdad consiste en el conocimiento inalterable de su propio Ser, de su naturaleza real, que es el alma.

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En última instancia, todas las especulaciones acerca de los secretos supremos de Dios y de la creación son totalmente inútiles. La cruda realidad permanece siempre con nosotros: el hombre está aquí y ahora atravesando por las dolorosas pruebas de la encarnación humana. Así como los prisioneros planean en todo momento cómo recuperar la libertad, de igual manera aquellos que son sabios entre los seres humanos se esfuerzan por escapar de la prisión de la mortalidad.

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El Kriya Yoga no sólo señala la ruta universal de ascensión del alma al Espíritu, sino que proporciona a la humanidad una técnica que puede emplearse diariamente, y a través de cuya práctica el devoto, con la ayuda de un gurú, puede entrar de nuevo al reino de Dios. Una enseñanza teórica sólo conduce a otra, pero todo practicante fiel de Kriya Yoga comprueba que éste es el método más rápido y el camino más corto para llegar al reino del Espíritu.

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Ni siquiera un ateo puede negar el gozo siempre creciente que surge de la práctica regular de Kriya. Como educador, he probado este método con estudiantes escépticos de mi escuela, y pude comprobar que se convertían, no por mis palabras, sino por el estimulante efecto que experimentaban de continuo como resultado de su práctica regular.

En su forma teórica, la religión sólo proporciona una satisfacción parcial y nunca es totalmente convincente. El modo de vida de mi Maestro logró conquistarme, en parte por sus palabras de sabiduría, pero principalmente porque el énfasis que hacía en la práctica regular y profunda de Kriya me permitió flotar en las ilimitadas nubes del gozo. Declaro ante el mundo que el método de Lahiri Mahasaya me ha proporcionado y continuamente me sigue proporcionando una felicidad siempre creciente; y estoy completamente convencido de que puede producir la misma dicha en todos aquellos que lo practiquen con seriedad y regularidad, sea cual sea su temperamento.

La ciencia del pranayama (control de la fuerza vital) de Kriya Yoga

Ningún devoto, cualquiera que sea su religión, ha de darse por satisfecho con creencias y dogmas no comprobados, sino que debe realizar esfuerzos prácticos con el objeto de alcanzar la unión con el Espíritu. Esta unión sólo es posible cuando el devoto, dejando de lado el método superficial del culto ceremonial o el de «entrar en el silencio» de manera inefectiva, comienza a practicar un método científico de comunión con Dios.

Esta meta no puede alcanzarse practicando únicamente la meditación mental. La sabiduría divina de la realización del Ser sólo se obtiene por medio de la concentración profunda que desconecta la mente de la respiración, de la fuerza vital y de los sentidos y que une el ego al alma. Todos los demás métodos son senderos secundarios preliminares o de apoyo.

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La fuerza vital es el eslabón entre la materia y el Espíritu. Al fluir hacia fuera, revela el mundo falsamente atractivo de los sentidos; si se invierte hacia dentro, atrae la conciencia a la bienaventuranza del Espíritu, la cual brinda eterno contentamiento.

El devoto que medita se encuentra entre ambos mundos: se esfuerza por entrar en el reino de Dios, pero al mismo tiempo se mantiene ocupado en luchar contra los sentidos. Con la ayuda de una técnica científica de pranayama [tal como Kriya Yoga], el yogui alcanza finalmente la victoria en sus esfuerzos por invertir el flujo de la energía vital, que se hallaba dirigido hacia fuera y volcaba la conciencia externamente en la actividad de la respiración, del corazón y de las corrientes vitales atrapadas en los sentidos; el yogui entra así en el tranquilo y natural reino interior del alma y el Espíritu.

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Dos personas están meditando en diferentes habitaciones, en cada una de las cuales hay un teléfono. El teléfono suena en ambas habitaciones. Una de las personas se dice a sí misma, con una actitud desafiante de obstinación intelectual: «¡Me concentraré tan profundamente que no me será posible oír los timbrazos del teléfono!». Es cierto que podría concentrarse en su interior a pesar del ruido externo, pero está complicando su tarea de manera innecesaria. Puede comparársele con un guiana yogui que procura meditar en Dios haciendo caso omiso de los incesantes mensajes telefónicos de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, así como del impulso que ejerce la fuerza vital hacia el exterior.

La otra persona de nuestro ejemplo no se hace ilusiones acerca de su poder para ignorar el burdo clamor del teléfono. Prudentemente, retira el enchufe de la toma de corriente y desconecta el aparato. Se le puede comparar con el kriya yogui que evita las distracciones sensoriales durante la meditación desconectando la fuerza vital de los sentidos e invirtiendo luego el flujo de esa corriente vital para dirigirla hacia los centros superiores.

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Al retirar la mente y la fuerza vital de los nervios sensoriales y motores, el yogui los conduce por la espina dorsal y el cerebro hacia la luz eterna. Aquí la mente y la fuerza vital se unen con la sabiduría eterna del Espíritu que se manifiesta en el cerebro.

El centro de conciencia del hombre medio es el cuerpo y el mundo externo. El yogui cambia su centro de conciencia al desapegarse del cuerpo y de las esperanzas y temores mundanos. Mediante una técnica —tal como Kriya Yoga— con la cual puede controlar de modo consciente los procesos vitales que atan la conciencia al cuerpo (aquietando el corazón y la respiración), el yogui establece su ser en la sabia y eterna percepción del Espíritu, que se manifiesta en el centro espiritual de la conciencia cósmica situado en el cerebro. El yogui que puede cambiar el centro de su conciencia, desplazándolo del sensible cuerpo al trono cerebral del Espíritu, centra finalmente su conciencia en la omnipresencia y alcanza la Sabiduría Eterna.

La práctica del Kriya Yoga aporta paz y bienaventuranza

La práctica del Kriya aporta la más profunda paz y bienaventuranza. El gozo nacido del Kriya es mayor que aquel que podría despertar la suma de todas las sensaciones físicas placenteras. «Indiferente a la atracción del mundo sensorial, el yogui experimenta el siempre-renovado-gozo del Ser. Con su alma absorta en la unión con el Espíritu, alcanza él la bienaventuranza eterna».

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Conocí en Nueva York a un hombre muy rico. Mientras me contaba algo sobre su vida, dijo con afectada lentitud: «Soy asquerosamente rico y asquerosamente saludable». Y antes de que él pudiera terminar, yo exclamé: «¡Pero no es usted asquerosamente feliz! Yo le puedo enseñar cómo estar perpetuamente interesado en ser feliz de una forma siempre nueva».

Él se convirtió en mi estudiante. Mediante la practica del Kriya Yoga y llevando una vida equilibrada, invariablemente dedicado en su interior a Dios, llegó a vivir hasta una edad avanzada, constantemente rebosando de siempre-nueva felicidad.

En su lecho de muerte, le dijo a su esposa: «Estoy triste por ti, porque tengas que verme partir, pero estoy muy feliz de unirme a mi Bienamado del Universo. Regocíjate con mi gozo y no seas egoísta lamentándote. Si supieras lo feliz que soy por ir al encuentro de mi bienamado Dios, no podrías estar triste; regocíjate sabiendo que algún día te unirás a mí en la festividad de la bienaventuranza eterna».

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Quienes jamás omiten su práctica del Kriya, meditan de manera prolongada y oran fervientemente a Dios descubrirán el anhelado Tesoro.

El Kriya despierta la guía intuitiva interior

[Sri Yukteswar me dijo:] «Una vez que, por medio del Kriya Yoga, la mente se purifica de los obstáculos sensoriales, la meditación proporciona una doble prueba de Dios. El gozo siempre renovado es una evidencia de su existencia, que nos penetra hasta los átomos. Y también en la meditación uno encuentra su guía instantánea y su adecuada respuesta a cualquier dificultad».

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Ningún devoto debe sentirse satisfecho si no ha desarrollado su intuición —por medio de la introspección imparcial y la meditación profunda, como ocurre con la práctica de Kriya Yoga— a tal grado que pueda experimentar la comunión del alma y el Espíritu.

Si un devoto medita a diario con intensidad al menos durante cortos períodos, y practica la meditación de manera más prolongada y profunda (durante períodos de tres o cuatro horas) una o dos veces por semana, comprobará que su intuición se refina lo suficiente como para comprender indefinidamente el diálogo de bienaventurada sabiduría que intercambian Dios y el alma. Tal devoto conocerá el estado de recogimiento interior de comunión divina, en que su alma «habla» con Dios y recibe su respuesta, mas no mediante expresiones de lenguaje humano, sino a través de un silencioso intercambio intuitivo. 

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La vida de un kriya yogui avanzado no se halla afectada por los resultados de sus acciones pasadas, sino únicamente por los decretos de su alma.

La manera divina de superar los problemas y los malos hábitos

No importa cuál fuera el problema del discípulo, Lahiri Mahasaya aconsejaba la práctica de Kriya Yoga para su solución.

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Supón que eres un fracaso desde el punto de vista financiero, moral o espiritual. Si meditas profundamente y afirmas: «Mi Padre y yo somos uno», sabrás que eres hijo de Dios. Aférrate a ese ideal. Medita hasta que sientas un gran gozo. Cuando la felicidad irrumpa en tu corazón, Dios habrá contestado a tu llamada; Él responde así a tus oraciones y a tus pensamientos positivos. A continuación, te mostraré un método claro y definido:

Primero, medita sobre el pensamiento: «Mi Padre y yo somos uno», tratando de sentir una gran paz y, posteriormente, un gran gozo en tu corazón. Cuando llegue ese gozo, afirma: «Padre, Tú estás conmigo. Ordeno a tu poder que mora en mi interior que cauterice los malos hábitos y las semillas de tendencias negativas procedentes del pasado que se asientan en las células de mi cerebro». El poder de Dios que se despliega en la meditación lo realizará. Libérate de la limitadora conciencia de ser un hombre o una mujer; toma plena conciencia de que eres un hijo de Dios. Entonces, afirma mentalmente y ora a Dios: «Ordeno a mis células cerebrales que se transformen, para así destruir los surcos de los malos hábitos que han hecho de mí un títere. Señor, incinéralos con tu luz divina». Y cuando practiques las técnicas de meditación de Self-Realization Fellowship, especialmente Kriya Yoga, realmente verás que esa luz de Dios te bautiza.

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En la India, un hombre que tenía muy mal carácter vino a mí. Tenía la costumbre de abofetear a sus jefes cuando se enfadaba, motivo por el cual también perdía un trabajo tras otro. Se volvía tan incontrolablemente irascible que arrojaba a quien lo molestara cualquier cosa que tuviera a mano. Esta persona me pidió ayuda. Yo le aconsejé: «La próxima vez que te enojes, cuenta hasta cien antes de reaccionar». Probó con este método, pero regresó y me dijo: «Me enojo más cuando hago lo que usted me aconsejó. Mientras cuento, me vuelvo ciego de ira por tener que esperar tanto tiempo». Su caso parecía no tener remedio.

Entonces, le recomendé que practicara Kriya Yoga, con esta instrucción adicional: «Después de practicar tu Kriya, piensa que la Luz divina ingresa en tu cerebro, aplacándolo, calmando tus nervios, calmando tus emociones, eliminando todo enfado. Y un día tus rabietas desaparecerán». Al poco tiempo, esta persona vino nuevamente a verme, y esta vez me dijo: «Me encuentro libre del hábito del enojo. Le estoy muy agradecido».

Decidí someterle a prueba. Hice que unos muchachos le provocaran para pelear. Me escondí en el parque, que se extendía a la vera del camino que él solía recorrer cotidianamente, para poder observarle. Los muchachos trataron una y otra vez de inducirle a pelear, pero él no respondió y mantuvo su calma.

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Cuando comulgas con Dios, cambias tu condición de ser mortal por la de inmortal y, al hacerlo, se rompen todas las ataduras que te limitan. Se trata de una maravillosa ley para recordar. En cuanto hayas concentrado tu atención, recibirás el Poder de todos los poderes y con él podrás lograr el éxito espiritual, mental y material.

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La ciencia del Kriya Yoga se hizo conocida a nivel mundial en 1946 con la publicación de «Autobiografía de un yogui» de Paramahansa Yogananda. En el libro, él relata la siguiente conversación que mantuvo años atrás con su Gurú: «Yogananda —me dijo Sri Yukteswar con una gravedad nada usual en él—, desde tu nacimiento has estado rodeado por discípulos directos de Lahiri Mahasaya. El gran maestro vivió su vida sublime en un retiro parcial y con tesón rehusó permitir a sus seguidores que formaran organización alguna alrededor de sus enseñanzas. Sin embargo, hizo una muy significativa predicción: “Cincuenta años después de mi muerte, se escribirá un relato de mi vida, debido al gran interés que el yoga despertará en Occidente. El mensaje del yoga circundará todo el globo y ayudará a establecer la hermandad entre los seres humanos, cuya unidad estará basada en la percepción directa de Dios como el Padre Único”. Hijo mío, Yogananda —prosiguió Sri Yukteswar—, tú debes cumplir con tu parte, difundiendo este mensaje y escribiendo sobre esa vida sagrada». En 1945, cincuenta años después de la desaparición de Lahiri Mahasaya, ocurrida en el año 1895, se concluyó el presente libro. Y no puedo menos que admirarme por la coincidencia de que también el año 1945 marcó el comienzo de una nueva era, la revolucionaria era de la energía atómica. Todas las mentes pensadoras, ahora más que nunca, se vuelven hacia los problemas urgentes de la paz y de la hermandad [...].

Cómo encontrar el amor perfecto

El mayor amor que puedes experimentar se encuentra en la comunión con Dios que tiene lugar durante la meditación. El amor entre el alma y el Espíritu es el amor perfecto, el amor que estás buscando. [...] Si meditas profundamente, recibirás un amor que es imposible describir con palabras; conocerás su amor divino y podrás dar ese amor puro a los demás. [...] Cuando experimentes ese amor divino, verás que no hay diferencia esencial entre una flor y una bestia o entre un ser humano y otro: estarás en comunión con la naturaleza y amarás por igual a toda la humanidad.

Liberarse del miedo y de la inseguridad

El miedo sólo desparecerá cuando establezcas contacto con Dios; no existe otra forma. ¿Por qué, pues, esperar? Mediante el yoga puedes alcanzar esa comunión con el Señor. [...] Cuando halles finalmente a Dios, ¡tu seguridad y tu valor no conocerán límites! Nada te importará ya en absoluto y nada podrá jamás atemorizarte.

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Oro porque cada devoto, desde hoy mismo, haga un supremo esfuerzo por conocer a Dios, y no se dé jamás por vencido hasta haberse establecido en Él. Si amas al Señor, practicarás Kriya con la mayor devoción y fidelidad. Búscale continuamente a través de la oración y de Kriya Yoga. Y confía con alegría, ya que, como dijo Babaji en cierta ocasión, citando las palabras del Bhagavad Gita: «Incluso una pequeña práctica de esta religión te salvará de grandes temores (los tremendos sufrimientos inherentes a los repetidos ciclos de nacimiento y muerte)».

*Juan habla del «misterio de las siete estrellas» y las «siete iglesias» (Apocalipsis 1:20); estos símbolos se refieren a los siete centros astrales de luz que se hallan en la columna vertebral. La abstrusa imaginería que se emplea a lo largo de este capítulo de la Biblia —tan poco comprendido— es una representación alegórica de las revelaciones que se experimentan con la apertura de estos centros de vida y conciencia: el «libro sellado con siete sellos» (Apocalipsis 5:1).

Traducción de pasajes publicados en el número de verano de 2011 de la revista Self-Realization.

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