Meditación para principiantes

Descubrir la paz y la comunión divina que aporta la meditación

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    Aprender a meditar (videos instructivos en inglés con subtítulos en español)

    Las instrucciones acerca de la práctica de la meditación según la ciencia del Kriya Yoga fueron dadas por Paramahansa Yogananda personalmente en las clases que impartió a lo largo de más de treinta años, y se exponen detalladamente en las Lecciones de Self-Realization Fellowship.

    En ellas se proporcionan, además, consejos prácticos y diversas técnicas que enseñó el propio Yogananda para obtener salud y éxito en la vida, es decir, para lograr un bienestar físico, mental y espiritual perfectamente equilibrado; en una palabra, para alcanzar la armonía que aporta el yoga a todos los aspectos de la vida. Estos principios ―que constituyen «el arte de vivir»― son consecuencia inmediata, y principal resultado, de la auténtica práctica de la meditación. 

    En las páginas siguientes se dan instrucciones básicas respecto a cómo meditar, de modo que el lector que todavía no se haya suscrito a las Lecciones puede ponerlas en práctica inmediatamente si lo desea, y comenzar así a experimentar la paz y la comunión con la Divinidad que aporta la meditación.

    Meditación para principiantes 

    Más instrucciones básicas impartidas por el Hermano Achalananda 

    Diversas maneras de profundizar su meditación (en inglés) 

    Medite con miembros y simpatizantes de SRF del mundo entero en la comodidad de su propio hogar

    Aprenda más técnicas de meditación en las Lecciones de Paramahansa Yogananda para estudiarse en el hogar

    Instrucciones básicas

    Aprenda los pasos básicos de una «Meditación para principiantes» tal como los enseñó Paramahansa Yogananda

    Oración

    Una vez adoptada la postura de meditación, ofrezca a Dios una oración que surja del corazón, expresándole la devoción que siente por Él y solicitándole que bendiga su meditación. 

    Tensar y relajar para eliminar el estrés

    • Inspire, tensando todo el cuerpo y apretando los puños.
    • Relaje todo el cuerpo al mismo tiempo y, a la vez, expulse el aliento por la boca con una doble espiración, haciendo el sonido «ha, haa».
    • Repita este ejercicio de tres a seis veces.

    Olvide luego la respiración, dejándola fluir hacia adentro o hacia afuera de manera natural, según su ritmo espontáneo, como en la respiración común.

    Enfocar la atención en el ojo espiritual

    Con los párpados semicerrados (o completamente cerrados, si le es más cómodo), dirija la mirada hacia arriba enfocándola, junto con la atención, hacia un punto situado en el entrecejo, como si mirase hacia fuera a través de dicho punto. (La persona que se concentra con profundidad tiende a fruncir el entrecejo). No hay que cruzar ni forzar los ojos en forma alguna; al relajarse y concentrarse con serenidad, la mirada se dirige naturalmente hacia arriba.

    Lo importante es fijar la atención por completo en el entrecejo. Éste es el centro de la Conciencia Crística, el asiento del ojo único al cual se refirió Cristo: «El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo es único, todo tu cuerpo estará iluminado» (San Mateo 6:22). 

    Cuando se logra el propósito de la meditación, el devoto descubre que su mente se concentra automáticamente en el ojo espiritual, experimentando —de acuerdo con su capacidad espiritual interior— un estado de unión extática divina con el Espíritu.

    Se requiere profunda concentración y calma para ver el ojo espiritual: un halo dorado que rodea un círculo azul, en medio del cual palpita una estrella blanca de cinco puntas. Quienes vean el ojo espiritual deben tratar de penetrar a través de él mediante una concentración más profunda y con la ayuda de sus oraciones a Dios impregnadas de devoción. La profundidad de la calma y la concentración necesarias para lograr este objetivo se desarrolla de modo natural mediante la práctica continua de las técnicas científicas de concentración y meditación impartidas por Self-Realization Fellowship [las cuales se enseñan en las Lecciones de Self-Realization Fellowship].

    Orar profundamente a Dios en el lenguaje del corazón

    Sin embargo, tanto si ve la luz del ojo espiritual como si no, debe continuar concentrando su atención en el centro de la Conciencia Crística, o sea, en el entrecejo, orando profundamente a Dios y a sus grandes santos. Invoque su presencia y sus bendiciones en el lenguaje de su corazón. 

    Una práctica recomendable consiste en elegir una afirmación o una plegaria de las Lecciones de Self-Realization Fellowship o de las obras de Paramahansa Yogananda tales como Susurros de la Eternidad o Meditaciones metafísicas, espiritualizándola con su propio anhelo y devoción.

    Cante y ore a Dios en silencio, manteniendo la atención en el entrecejo, hasta que perciba la respuesta divina en forma de calma, profunda paz y gozo interior.

    La práctica diaria facilita la ejecución de las técnicas más avanzadas

    El período de meditación debe durar al menos treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche. Cuanto más tiempo permanezca sentado, disfrutando del estado de calma meditativa, más progresará espiritualmente. Conserve durante sus actividades diarias la calma que percibe en la meditación; esta serenidad le ayudará a manifestar armonía y felicidad en cada aspecto de su vida.

    La práctica diaria de estas instrucciones le facilitará la ejecución de las técnicas más avanzadas de concentración y meditación que se proporcionan en las Lecciones de Self-Realization Fellowship. Estas técnicas científicas le capacitarán para sumergirse más profundamente en el vasto océano de la presencia divina. Todos existimos, en este preciso momento, en ese océano del Espíritu; mas sólo a través de la práctica continua y dedicada de la meditación científica podemos percibir conscientemente nuestra existencia como olas-almas individualizadas que se hallan en el inmenso océano de la bienaventuranza de Dios.

    Pasaje de los escritos de Paramahansa Yogananda:

    «Como primer paso para entrar en el reino de Dios, el devoto debe sentarse quieto en la postura correcta de meditación, con la espina dorsal erguida, y tensar y relajar el cuerpo, ya que la relajación libera la conciencia de su confinamiento en los músculos.

    »El yogui comienza con la práctica apropiada de la respiración profunda: inhalando y tensando todo el cuerpo, exhalando y relajando; este procedimiento lo repite varias veces. Con cada exhalación debe desecharse todo movimiento y tensión de los músculos, hasta alcanzar un estado de quietud corporal.

    »Después, mediante la práctica de técnicas de concentración, se elimina la inquietud mental. En el estado de perfecta quietud del cuerpo y de la mente, el yogui disfruta la paz inefable conferida por la presencia del alma. 

    »En el templo del cuerpo reside la vida; en el templo de la mente, la luz; en el templo del alma, la paz. Cuanto más profundamente se adentre en el alma, mayor será la paz que sienta: ese estado es la supraconciencia.

    »Cuando por medio de la meditación más profunda el devoto amplía su percepción de la paz, y siente que su conciencia se expande junto con esa paz por el universo entero y que todos los seres así como toda la creación se encuentran inmersos en ella, está entrando entonces en la Conciencia Cósmica. Siente esa paz por doquier —en las flores, en cada ser humano, en la atmósfera—. Ve que la tierra y la totalidad de los mundos flotan como burbujas en ese océano de paz»..

    — Paramahansa Yogananda, El Yoga de Jesús

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    Preparar un lugar para la meditación

    Elija un sitio silencioso, tranquilo y retirado para poder meditar sin ser interrumpido. Será su santuario: un lugar dedicado exclusivamente a la práctica de la meditación.

    Siéntese en una silla de respaldo recto; o bien, si lo prefiere, sobre una superficie firme, con las piernas cruzadas. En uno u otro caso, coloque encima una manta o un paño de seda (cuyo objetivo es aislar el cuerpo de la atracción magnética producida por las sutiles corrientes de la tierra).

    Preparing A Space For Meditation

    Pasaje de los escritos de Paramahansa Yogananda:

    «El salón despierta la idea de reunirse con otras personas; la biblioteca inspira el deseo de leer; y el dormitorio invita al sueño. Con el mismo criterio, todos deberían disponer de una habitación o un rincón separado por un biombo o una cortina, o un vestidor bien ventilado, a fin de utilizarlo exclusivamente para la meditación silenciosa. Los hogares tradicionales de la India cuentan siempre con un altar de este tipo para el culto cotidiano. 

    »Tener un altar en el hogar es muy efectivo para fomentar la espiritualidad, ya que, a diferencia de los lugares públicos de adoración, se convierte en un espacio personalizado y, además, se encuentra accesible para acoger las expresiones devocionales espontáneas que puedan surgir a lo largo del día. En la India, a los niños no se les obliga a frecuentar el altar, sino que se les inspira a hacerlo mediante el ejemplo de sus padres. 

    »En estos templos hogareños, las familias aprenden a hallar la paz del alma oculta tras el velo del silencio. Allí practican la introspección y se recargan con el poder interior del alma a través de las plegarias y la meditación; en comunión divina, se sintonizan con la sabiduría discernidora por medio de la cual podrán gobernar sus vidas de acuerdo con los dictados de la conciencia y del juicio correcto. 

    »Las oraciones íntimas y profundas hacen aflorar en ellos el entendimiento de que la paz y el servicio a los ideales divinos son la meta de la vida y que sin ellos ninguna adquisición material puede asegurar la felicidad».

    — Paramahansa Yogananda, La Segunda Venida de Cristo

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    La postura correcta

    Instrucciones respecto a la postura para lograr una meditación eficaz

    Mantener la espina dorsal erguida

    Uno de los primeros requisitos para la meditación consiste en adoptar una postura correcta. La espina dorsal debe estar erguida. Cuando el devoto trata de dirigir la mente y la energía vital, a través del eje cerebroespinal, hacia los centros de los estados de conciencia más elevados que se encuentran en el cerebro, debe evitar toda contracción o compresión de los nervios espinales que pueda ser causada por una postura incorrecta.

    Sentarse en una silla de respaldo recto

    Quienes posean piernas flexibles pueden sentarse a meditar con las piernas cruzadas, sobre un cojín colocado en el suelo, o bien sobre una cama firme.

    Sin embargo, Paramahansa Yogananda recomendó la siguiente postura de meditación para la mayoría de los occidentales:

    Sentarse en una silla de respaldo recto y sin brazos, apoyando los pies completamente en el suelo. Mantener la espina dorsal erguida, el abdomen hacia adentro, el pecho hacia afuera, los hombros hacia atrás, el mentón paralelo al suelo. Las manos, con las palmas hacia arriba, deben descansar sobre las piernas en la unión de los muslos con la región abdominal para evitar que el cuerpo se incline hacia adelante. La silla de meditación debe tener una altura cómoda, pues de lo contrario existe la tendencia a inclinar el torso hacia adelante o hacia atrás.

    Al adoptar la postura correcta, el cuerpo se encuentra firme pero a la vez relajado, de manera que le resulta fácil permanecer completamente tranquilo e inmóvil.

    Después, cerrar los ojos y elevar suavemente la mirada, sin forzarla, dirigiéndola hacia el entrecejo, que es el asiento del ojo espiritual, el centro de la percepción divina.

    Pasaje de los escritos de Paramahansa Yogananda:

    «Si el yogui principiante se sienta en el duro suelo para meditar, es probable que al cabo de un momento se le adormezcan las piernas debido a la presión que ejerce el peso del cuerpo sobre las arterias. En cambio, si se sienta sobre un cojín o una colchoneta ―cubierto uno u otra con una manta― o sobre una cama firme, no experimentará incomodidad. Un occidental acostumbrado a sentarse en posición tal que los muslos forman ángulo recto con el torso, se sentirá más cómodo si medita en una silla de respaldo recto cubierta con una manta y un paño de seda que se extienda hasta el suelo por debajo de los pies. Algunos yoguis occidentales, jóvenes sobre todo, pueden sentarse en el suelo descansando sobre los talones, como los orientales: debido a su flexibilidad, no tienen dificultad en doblar las rodillas de modo que las piernas y los muslos formen un ángulo agudo. Esos yoguis pueden meditar en la postura del loto o con las piernas cruzadas, simplemente, que es una posición más sencilla.

    »Nadie debería intentar meditar en la postura del loto a no ser que se sienta cómodo en esa posición. Meditar en una postura forzada mantiene la mente enfocada en la incomodidad del cuerpo. La meditación debe practicarse normalmente en posición sentada. Si se medita de pie, al interiorizar la mente se corre el riesgo de perder el equilibrio, como es obvio, a no ser que se trate de una persona muy avanzada en el camino espiritual. Tampoco debe el yogui meditar acostado, porque esa posición podría conducirle a “practicar” el sueño profundo.

    »La postura corporal adecuada ―una postura que proporcione serenidad al cuerpo y a la mente― es necesaria para ayudar al yogui a cambiar su enfoque mental, llevándolo de la materia al Espíritu».

    — Paramahansa Yogananda, Dios habla con Arjuna: El Bhagavad Guita

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