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    Incluso los verdaderos devotos piensan a veces que Dios no responde a sus oraciones. Con certeza, Él responde de manera silenciosa mediante sus leyes; pero hasta no estar por completo seguro del devoto, no le responderá ni le hablará abiertamente. El Señor de los Universos es tan humilde que permanece callado, para no influir en la libre voluntad del devoto de aceptarle o rechazarle.

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    El Dios Omnipresente conoce a todos sus devotos verdaderos, sea cual sea la forma en que le amen […] [y] responde a sus oraciones de diversas maneras. La devoción que se expresa a Dios suscita siempre algún tipo de respuesta evidente o misteriosa. Ningún devoto verdadero es ignorado por Dios.

    Dios responde a través del cumplimiento de los deseos

    Toda oración ardiente y profunda recibirá, claramente, la respuesta de Dios. [...] En uno u otro momento, todo el mundo ha sido testigo del cumplimiento de algún deseo por medio de la oración.

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    En ocasiones, Él responde sugiriendo un pensamiento en la mente de otra persona que puede dar cumplimiento a tu deseo o necesidad; por lo tanto, esa persona sirve como instrumento de Dios para producir el resultado deseado.


    A veces su respuesta es «No»

    Las personas creen que Dios no responde a sus oraciones porque no entienden que Dios, a veces, responde en forma diferente de lo que ellas esperan o solicitan. Él no siempre responderá de acuerdo con nuestros deseos, hasta que hayamos satisfecho su deseo de que seamos perfectos.

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    A veces, es muy provechoso no recibir lo que creemos precisar. Un niño puede querer tocar una llama, pero a fin de salvarlo de un daño seguro, la madre no le permite al pequeño cumplir su deseo.

    Experimentar gozo y paz constituye la respuesta de Dios

    Si le invocas una y otra vez con concentración siempre creciente, Él responderá tus plegarias. El gozo y la paz llamarán a las puertas de tu corazón. Cuando ese estado se presente, sabrás que te encuentras en comunión con Dios.

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    Al pronunciar la palabra «Dios» con fervor e incrementar la concentración y la devoción con cada repetición de su nombre, la mente se sumerge cada vez más en el océano de su presencia hasta que se alcanzan las insondables profundidades de la paz divina y del gozo extático, los cuales son una prueba infalible de que las oraciones han conmovido a Dios.

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    Experimentar una felicidad interior que perdura sin estar condicionada por influencias externas es prueba evidente de que Dios ha respondido con su presencia.

    La respuesta de Dios puede presentarse como solución intuitiva a un problema

    Existen dos formas de satisfacer nuestras necesidades. Una de ellas es la material. Así por ejemplo, cuando nuestra salud se resiente, podemos acudir a un médico y recibir el tratamiento necesario. No obstante, llega un momento en el cual ninguna ayuda humana puede servirnos de nada. Es entonces cuando recurrimos a la segunda vía, volviendo nuestra atención hacia aquel poder espiritual que proviene del Creador de nuestro cuerpo, mente y alma. El poder material es limitado; cuando éste falla, apelamos al ilimitado Poder Divino. Lo mismo sucede con nuestras necesidades económicas; cuando hemos hecho cuanto está a nuestro alcance por satisfacerlas y aun así fracasamos, apelamos a aquel otro Poder. [...]

    Cuando se nos presentan dificultades, nuestra reacción se orienta primeramente hacia nuestro medio ambiente; procuramos llevar a cabo cualquier cambio material que consideramos nos servirá de ayuda. Pero cuando llegamos a aquel punto en el cual decimos: «Todo cuanto he tratado ha fracasado hasta aquí; ¿qué he de hacer ahora?», comenzamos a reflexionar con gran seriedad acerca de la posible solución. Y cuando pensamos con la profundidad suficiente, encontramos la respuesta en nuestro interior. Ésta es una forma de oración respondida.

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    Recuerda: mucho mejor que un millón de razonamientos mentales es sentarse y meditar en Dios hasta que sientas la calma en tu interior. Luego, dile al Señor: «No puedo resolver mi problema yo solo, ni aun disponiendo de miríadas de pensamientos diferentes; pero puedo resolverlo si lo coloco en tus manos y pido, en primer lugar, tu guía y, luego, analizo sus diversos ángulos para encontrar una posible solución». Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Cuando tienes la mente en calma y rebosante de fe, después de orar a Dios en meditación, te resulta posible ver diversas respuestas a tus problemas; y gracias a que tu mente está en calma, eres capaz de elegir la mejor de las soluciones. Pon en práctica esa solución y encontrarás el éxito. En esto consiste aplicar la ciencia de la religión a tu vida diaria.

    Dios responde recargando tu propia voluntad para alcanzar el éxito

    Haz uso continuo de la voluntad, aplicándola en acciones constructivas. Quienes persisten en su intento, sin aceptar jamás el fracaso, obtienen el objeto por el cual luchan. Cuando ejerces tu voluntad con constancia, tanto a través de tus pensamientos como de tus acciones, aquello que deseas tendrá que cumplirse. Aunque no existiese en el mundo ningún objeto como el que anhelas, si persistes en tus empeños, el resultado que persigues se manifestará de alguna forma. Este tipo de actitud atrae la respuesta de Dios, ya que semejante voluntad proviene de Él; una voluntad constante es una voluntad divina.