Autobiografía de un yogui

Una de las obras clásicas de la literatura espiritual más aclamadas internacionalmente

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    Un perdurable clásico espiritual

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    «Este libro cambiará la vida de millones de personas. Será mi mensajero cuando me haya ido».

    Paramahansa Yogananda

    El 2021 marca el 75.° aniversario de Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda, una de las obras clásicas de la literatura espiritual más aclamadas internacionalmente.

    El relato que de su propia vida realiza Paramahansa Yogananda ―mundialmente reconocido como el padre del yoga en Occidente― ha conmovido el corazón y la mente de millones de personas en todo el mundo. Traducido a más de cincuenta idiomas, es un auténtico embajador de la antigua ciencia del yoga originaria de la India, pues ha dado a conocer a innumerables lectores los métodos para alcanzar la unión con Dios, que constituyen la singular y perenne contribución de la India a la civilización mundial.

    Aclamado como una obra maestra desde que se publicó por primera vez, en 1946, el libro fue honrado en 1999 como uno de los «100 mejores libros espirituales del siglo». Hoy en día, esta historia de una vida de grandeza inconfundible continúa exitosamente abriéndole al público una esfera de conocimientos previamente accesibles sólo a unos pocos.

    Explorar el libro:

    Un atractivo universal e imperecedero

    «Me ha conmovido profundamente —escribió Sri Yogananda en una “Nota del autor” para la edición de 1951— el haber recibido cartas de miles de lectores. Sus comentarios y el hecho de que el libro se haya traducido a numerosos idiomas me alientan a creer que Occidente ha descubierto en estas páginas una respuesta afirmativa a la pregunta: “¿Tiene la antigua ciencia del Yoga un papel valioso en la vida del hombre moderno?”».

    Con el transcurso de los años, los «miles de lectores» se convirtieron en millones, lo cual ha hecho cada vez más evidente el atractivo universal e imperecedero de Autobiografía de un yogui. Setenta y cinco años después de su primera edición, todavía figura como best seller en las listas de libros metafísicos e inspirativos. ¡Un fenómeno excepcional! La obra se encuentra disponible en numerosos idiomas y se usa actualmente en universidades de todo el mundo, en cursos cuyos temas abarcan desde Filosofía y Religión oriental hasta Literatura inglesa, Psicología, Sociología, Antropología, Historia e incluso Administración de Empresas. Desde cualquier punto de vista, Autobiografía de un yogui ha desempeñado un rol fundamental en la introducción de la ciencia del yoga en el mundo moderno.

    «Paramahansa Yogananda, como Gandhi, acercó la espiritualidad a la sociedad en general».

    «Quizá mejor conocido por su Autobiografía de un yogui, obra que ha inspirado a millones de lectores en todo el mundo —publica la revista metafísica New Frontier (octubre de 1986)—, Paramahansa Yogananda, al igual que Gandhi, trajo la espiritualidad a la conciencia del ciudadano medio. Es justo afirmar que Yogananda contribuyó más que ninguna otra persona para que el término “yoga” pasara a formar parte de nuestro vocabulario».

    «Puede decirse que Yogananda es el padre del yoga en Occidente... ».

    El distinguido erudito Dr. David Frawley, director del Instituto Americano de Estudios Védicos, en un artículo publicado en la revista bimensual Yoga International (octubre-noviembre de 1996), declara lo siguiente: «Se puede decir que Yogananda es el padre del yoga en Occidente: no del yoga meramente físico, que se ha hecho tan popular, sino del yoga espiritual, es decir, de la ciencia de la realización del Ser, que es el verdadero significado del yoga».

    «… Un Upanishad de la nueva era…».

    Professor Ashutosh Das, Ph.D., D.Litt., of Calcutta University, declares, “Autobiography of a Yogi is regarded as an Upanishad of the new age....It has satisfied the spiritual thirst of truth-seekers throughout the world. We in India have watched with wonder and fascination the phenomenal spread of the popularity of this book about India’s saints and philosophy. We have felt great satisfaction and pride that the immortal nectar of India’s Sanatana Dharma, the eternal laws of truth, has been stored in the golden chalice of Autobiography of a Yogi.”

    Even in the former Soviet Union, the book apparently made a deep impression on the relative few who had access to it under the communist regime. Justice V.R. Krishna Iyer, former judge of India’s Supreme Court, tells of visiting a town near St. Petersburg (then Leningrad) and asking a group of professors there “whether they had thought about what happens when man dies....One of the professors quietly went inside and came out with a book — Autobiography of a Yogi. I was surprised. In a country ruled by the materialistic philosophy of Marx and Lenin, here is an official of a government institute showing me Paramahansa Yogananda’s book! ‘Please realize that the spirit of India is not alien to us,’ he said. ‘We accept the authenticity of everything recorded in this book.’”

    «... un libro que abre las ventanas de la mente y del espíritu».

    «Entre los miles de libros que se publican cada año —concluye un artículo aparecido en el India Journal (21 de abril de 1995)—, los hay que entretienen, los hay que instruyen y los hay que incitan a la virtud. El lector puede considerarse afortunado si encuentra en un mismo libro las tres cualidades juntas. Autobiografía de un yogui es un caso todavía más excepcional: es un libro que, además, abre las puertas de la mente y del espíritu».

    «... celebrado como uno de los libros espirituales más interesantes e inspiradores que se hayan escrito».

    En los últimos años, esta obra ha sido aclamada por libreros, críticos y lectores como uno de los libros que mayor influencia espiritual han ejercido en la época actual. En 1999, un grupo de autores y especialistas de la editorial Harper Collins seleccionó Autobiografía de un yogui como «uno de los 100 mejores libros espirituales del siglo»; y en su obra 50 clásicos espirituales, publicada en 2005, Tom Butler-Bowdon escribió que este libro ha sido «elogiado, con justicia, como una de las obras espirituales más amenas y esclarecedoras que jamás se hayan escrito».

    En el capítulo final del libro, Paramahansa Yogananda escribe sobre esa profunda convicción que ha sido afirmada por santos y sabios de todas las religiones del mundo a través de los tiempos:

    «Dios es amor; su plan para la creación, por lo tanto, no puede basarse sino en el amor. ¿No ofrece acaso solaz al corazón humano este simple razonamiento, más que cualquier especulación de los eruditos? Cada santo que ha tocado el núcleo mismo de la Realidad ha confirmado que el universo está guiado por un plan divino, pleno de gozo y de belleza».

    Al cumplir Autobiografía de un yogui su 75.º aniversario, es nuestra esperanza que todos los lectores de esta obra inspiradora —tanto quienes la conocen por primera vez como aquellos para los que este libro se ha convertido en un antiguo y querido compañero de viaje en el sendero de la vida— sientan que en su alma despierta una fe más profunda en la verdad trascendente que yace en el fondo mismo de los aparentes misterios de la vida.

    Orígenes y evolución

    La redacción de la Autobiografía fue vaticinada mucho tiempo atrás

    La redacción de esta obra había sido vaticinada mucho tiempo atrás. Una de las figuras primordiales del renacimiento del yoga en los tiempos modernos, el venerado maestro del siglo XIX, Lahiri Mahasaya, había predicho lo siguiente: «Cincuenta años después de mi muerte, se escribirá un relato de mi vida, debido al gran interés que el yoga despertará en Occidente. El mensaje del yoga circundará todo el globo y ayudará a establecer la hermandad entre los seres humanos, cuya unidad estará basada en la percepción directa de Dios como el Padre Único».

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    Muchos años después, el eminente discípulo de Lahiri Mahasaya, Swami Sri Yukteswar, dio a conocer esta profecía a Sri Yogananda. «Tú debes cumplir con tu parte, difundiendo este mensaje —manifestó Sri Yukteswar— y escribiendo sobre esa vida sagrada».

    En 1945, exactamente cincuenta años después del fallecimiento de Lahiri Mahasaya, Paramahansa Yogananda terminó de escribir Autobiografía de un yogui, obra que da cabal cumplimiento a las dos peticiones formuladas por su maestro, a saber: ofrecer la primera presentación detallada en inglés de la admirable vida de Lahiri Mahasaya y dar a conocer al mundo entero la antiquísima ciencia espiritual de la India.

    «Se escribirá un relato de mi vida, debido al gran interés que el yoga despertará en Occidente. El mensaje del yoga circundará todo el globo».

    Lahiri Mahasaya

    La creación de Autobiografía de un yogui fue un proyecto en el que Paramahansa Yogananda trabajó durante muchos años. Sri Daya Mata, una de sus primeras y más fieles discípulas, rememora así algunos detalles de aquel proceso:

    «Cuando yo llegué a Mount Washington, en 1931, Paramahansaji había comenzado ya a trabajar en la Autobiografía. En cierta ocasión, cuando me encontraba en su estudio desempeñando ciertas tareas en calidad de secretaria, tuve el privilegio de ver uno de los primeros capítulos que escribió: el que se refería al “swami de los tigres”. Me pidió que lo guardara, indicándome que era material para un libro que estaba escribiendo. Posteriormente, entre los años 1937 y 1945, redactó la mayor parte de la obra».

    Desde junio de 1935 hasta octubre de 1936, Sri Yogananda visitó la India (país al que regresó viajando a través de Europa y Palestina) para reunirse con su gurú, Swami Sri Yukteswar, por última vez. Durante su estancia allí, compiló gran parte de los datos históricos para la Autobiografía, así como relatos referentes a algunos de los santos y sabios que había conocido y cuyas vidas iba a describir tan memorablemente en su libro. «Nunca había olvidado la petición que me hiciera Sri Yukteswar de escribir la vida de Lahiri Mahasaya —escribió más tarde—. Durante mi permanencia en la India, aprovechaba todas las oportunidades que se me presentaban para establecer contacto con discípulos y parientes directos del Yogavatar. Asentando sus conversaciones en voluminosas notas, verificaba hechos y fechas, y reunía fotografías, cartas antiguas y documentos».

    Después de regresar a Estados Unidos, a fines de 1936, comenzó a pasar gran parte del tiempo en la ermita que, durante su ausencia, se había construido para él en Encinitas, ciudad situada en la costa sur de California. La ermita resultó ser el lugar ideal para dedicarse a terminar el libro que había iniciado años atrás.

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    Paramahansa Yogananda escribiendo Autobiografía de un yogui, Ermita de SRF, Encinitas, 1938.

    «Aún conservo vivo en mi mente el recuerdo de los días transcurridos en aquella pacífica ermita del litoral —relata Sri Daya Mata—. Él tenía tantas otras responsabilidades y obligaciones que no podía trabajar todos los días en la Autobiografía; no obstante, por lo general, le dedicaba las primeras horas de la noche y todo el tiempo libre de que disponía. Hacia el año 1939 o 1940 le fue posible dedicarle al libro todo su tiempo. Y “todo el tiempo” significaba ¡desde las primeras horas de la mañana hasta las primeras horas de la mañana del día siguiente! Un pequeño grupo de discípulas —Tara Mata, mi hermana Ananda Mata, Sraddha Mata y yo— estábamos siempre a su disposición para ayudarle. Una vez mecanografiado cada capítulo, él se lo entregaba a Tara Mata, que desempeñaba las funciones de editora.

    »¡Cuánto atesoro esos recuerdos! Mientras escribía, él revivía interiormente las sagradas experiencias que estaba relatando. El propósito divino que le movía era compartir el gozo y las revelaciones que había hallado tanto en la compañía de santos y de grandes maestros como en su experiencia personal de la Divinidad. Con frecuencia se detenía por un momento, con la mirada dirigida hacia arriba y el cuerpo inmóvil, sumido en el estado de samadhi, o de profunda comunión con Dios, y toda la atmósfera del recinto se impregnaba de los poderosos efluvios del amor divino. Para los discípulos que le acompañábamos, el mero hecho de estar presentes en tales ocasiones elevaba el estado de nuestra conciencia.

    »Por fin, en 1945, llegó el jubiloso día de la terminación del libro. Paramahansaji escribió las palabras finales: “¡Cuán vasta es la familia que le has dado a este monje, Señor!”; después de lo cual, dejó a un lado la pluma y exclamó lleno de gozo:

    »“¡Todo terminado y completo! Este libro cambiará las vidas de millones de personas: será mi mensajero cuando yo me haya ido”».


    El papel que desempeñó Tara Mata en la publicación del libro

    La responsabilidad de encontrar una casa editora para el libro le correspondió entonces a Tara Mata. Paramahansa Yogananda había conocido a Tara Mata en 1924, cuando él estaba dando una serie de conferencias y clases en San Francisco. Dotada de una extraordinaria visión espiritual, ella pasó a formar parte del pequeño círculo de los discípulos más avanzados de Paramahansaji. Él tenía en gran estima sus aptitudes para la corrección de textos y solía decir que ella poseía una de las mentes más brillantes que había conocido. Apreciaba asimismo los vastos conocimientos y la profunda comprensión que Tara Mata tenía de la sabiduría contenida en las escrituras sagradas de la India y, en cierta ocasión, afirmó: «Con excepción de mi gran gurú, Sri Yukteswar, no hay otra persona con quien me haya deleitado más hablar sobre filosofía hindú».

    Tara Mata llevó el manuscrito a Nueva York, pero no resultó tarea fácil encontrar una casa editorial. Como sucede con frecuencia, la talla de una gran obra puede no ser reconocida a primera vista por personas que poseen una mentalidad convencional. A pesar de que la recién nacida era atómica estaba ampliando la conciencia colectiva de la humanidad, mediante una creciente comprensión de la sutil unidad que existe entre la materia, la energía y el pensamiento, los editores de la época estaban muy poco preparados para dar publicación a capítulos tales como ¡«La materialización de un palacio en el Himalaya» y «El santo con dos cuerpos»!

    Durante un año, Tara Mata vivió en un apartamento apenas amueblado, sin calefacción ni agua caliente, mientras visitaba las casas editoriales. Por fin, envió un telegrama con la noticia del éxito: la Philosophical Library, respetable editorial de Nueva York, había aceptado publicar la Autobiografía. «Lo que [ella] ha hecho por este libro es casi imposible de describir —dijo Sri Yogananda—. De no haber sido por ella, el libro no se habría publicado».

    Poco antes de la Navidad de 1946, llegaron a Mount Washington los tan esperados primeros ejemplares de la Autobiografía.


    Profusión de elogios en la crítica

    La obra fue acogida por los lectores y la prensa internacional con gran profusión de elogios y expresiones de aprecio. «Nunca antes se había escrito, ya sea en inglés u otra lengua europea, algo semejante a esta exposición del Yoga», comentó la Universidad de Columbia en su Review of Religions. The New York Times lo calificó como «un relato excepcional» y la revista Newsweek informó: «El libro de Yogananda es una autobiografía del alma más que del cuerpo [...] un estudio fascinante del modo de vida religioso, expuesto con claridad y candor en el exquisito estilo oriental».

    Rápidamente se preparó una segunda edición y, en 1951, una tercera. Además de corregir y actualizar partes del texto, y de suprimir algunos pasajes que trataban de actividades y proyectos de tipo administrativo que ya no estaban vigentes, Paramahansa Yogananda añadió un capítulo final (uno de los más largos del libro), que abarca el período comprendido entre 1940 y 1951. En una nota a pie de página del nuevo capítulo, escribió: «Con la adición del capítulo 49, se ha añadido mucho material nuevo a la tercera edición de este libro (1951). En dicho capítulo, y a petición de numerosos lectores de las dos primeras ediciones, he contestado a diversos interrogantes acerca de la India, del yoga y de la filosofía védica».

    En la séptima edición (1956) se incluyeron revisiones adicionales, realizadas por Paramahansa Yogananda, como se indicaba en una «Nota del editor» que aparecía en la misma. Todas las ediciones actuales que publica Self-Realization Fellowship incorporan los deseos de yogananda respecto al texto definitivo del libro.

    Evolución después de la primera edición de 1946

    Las ediciones de Self-Realization Fellowship son las únicas que incorporan todos los deseos del autor respecto al texto definitivo de Autobiografía de un yogui, expresados personalmente por él a la editora con la que trabajó desde 1924 hasta su fallecimiento, acaecido en 1952, y a quien confió todas las cuestiones concernientes a la publicación de su obra.

    Los lectores de Autobiografía de un yogui preguntan a veces qué diferencias existen entre la edición actual y la primera edición, publicada en 1946.

    Durante la vida de Paramahansaji, aparecieron tres ediciones de su autobiografía. En la tercera, publicada en 1951, hizo algunos cambios significativos: revisó el texto minuciosamente, suprimió varios pasajes, amplió diversas cuestiones y añadió un nuevo capítulo final, «Los años 1940-1951» (uno de los más largos del libro). Algunas correcciones que realizó después de la tercera edición no pudieron ser incorporadas al texto hasta la séptima, que se puso en circulación en 1956.

    La siguiente «Nota del editor», que aparecía en la séptima edición de Autobiografía de un yogui, daba a conocer lo que el autor deseaba para el libro:

    «Esta edición, publicada en Estados Unidos en 1956, contiene revisiones realizadas por Paramahansa Yogananda en 1949, para la edición de Londres (Inglaterra), y también revisiones adicionales hechas por el autor en 1951. En una “Nota para la edición de Londres”, con fecha del 25 de octubre de 1949, escribió Paramahansa Yogananda: “Los preparativos para una edición londinense de este libro me han brindado la oportunidad de revisar y ampliar ligeramente el texto. Además del material nuevo incluido en el último capítulo, he añadido numerosas notas a pie de página en respuesta a preguntas formuladas por los lectores de la edición estadounidense”.

    »Las revisiones posteriores realizadas por el autor, en 1951, estaban destinadas a aparecer en la cuarta edición publicada en Estados Unidos (1952). En aquel tiempo los derechos sobre "Autobiografía de un yogui" se habían concedido a una casa editorial de Nueva York. En 1946, en Nueva York, cada página del libro se había grabado en una plancha electrotípica y, por consiguiente, para añadir siquiera una coma era necesario cortar la lámina metálica de toda una página y volver a soldar ambas partes junto con una línea nueva que contuviese la coma que faltaba. Debido a los costes que implicaba la soldadura de numerosas planchas, la editorial neoyorquina no incorporó en la cuarta edición las revisiones que hizo el autor en 1951.

    »A finales de 1953, Self-Realization Fellowship (SRF) compró a la editorial neoyorquina todos los derechos de publicación de "Autobiografía de un yogui". SRF reimprimió el libro en 1954 y 1955 (ediciones quinta y sexta); durante esos dos años, sin embargo, otras obligaciones impidieron que el departamento editorial de SRF acometiera la monumental tarea de incorporar las correcciones del autor en las planchas electrotípicas. No obstante, la tarea se realizó a tiempo para la séptima edición».

    Todo cuanto se cambió, suprimió o añadió entre 1946 y 1956, fue realizado a petición de Paramahansaji. Para revisiones editoriales posteriores ―de poca importancia en todos los casos―, se siguieron las directrices que él había dado, antes de su fallecimiento, a la que durante mucho tiempo fue su editora, Tara Mata, que trabajó junto a él a lo largo de más de 25 años y en quien Yogananda había depositado su confianza para que las publicaciones póstumas de sus escritos se llevaran a cabo de acuerdo con sus instrucciones.

    Debido a que Paramahansaji había previsto claramente que, con el transcurso de los años, este libro llegaría a un público cada vez más amplio, indicó a sus editores que añadieran cuanto fuera necesario ―en forma de notas adicionales a pie de página, fotografías, textos a pie de foto, etc.― para mantener el libro actualizado.

    Los cambios realizados desde 1956 han consistido en los ajustes editoriales que cualquier editor habría hecho normalmente en las ediciones posteriores de un libro que se ha tenido que reimprimir continuamente a lo largo de varias décadas (p. ej., actualizar la lista de otros libros del autor; añadir algunas notas a pie de página que se han considerado útiles para el lector actual, con la indicación expresa de que se trata de aclaraciones del editor, no del autor; fotos adicionales del autor y de sus actividades; cambios necesarios en la sobrecubierta y en la contracubierta, etc.).

    En las primeras ediciones de Autobiografía de un yogui aparecía el título del autor como «Paramhansa», siguiendo la costumbre bengalí de omitir en la escritura la a cuando su sonido es mudo o semimudo. Para asegurarse de dar a conocer el significado sagrado de este título, originado en los Vedas, en ediciones posteriores se ha usado la transliteración sánscrita estándar, a saber: «Paramahansa», palabra derivada de las voces parama («superior o supremo») y hansa («cisne»), la cual denota que el ser humano ha alcanzado la realización suprema de su auténtico Ser divino, y de la unidad de ese Ser con el Espíritu.

    Las ediciones actuales de Autobiografía de un yogui que publica Self-Realization Fellowship contienen 20 páginas adicionales de fotografías de Paramahansa Yogananda y de otros temas de los que trata el libro, extraídas de los archivos de la organización con el fin de proporcionar al lector interesado una visión más extensa del autor y de sus actividades.

    Historias de discípulos directos

    Cómo conocieron «Autobiografía de un yogui» algunos discípulos de Paramahansa Yogananda

    Los primeros ejemplares de Autobiografía de un yogui llegaron a la Sede Internacional de Self-Realization Fellowship, procedentes de la editorial de Nueva York, en diciembre de 1946. En 1996, con motivo de la celebración del cincuentenario de dicha edición, algunos de los discípulos más cercanos de Paramahansa Yogananda evocaron las circunstancias que los llevaron a conocer el libro, así como el impacto que éste causó en sus vidas. Fueron los primeros en experimentar la sabiduría, el amor divino y la visión transformadora de la vida que irradian sus páginas, páginas que, desde entonces, han cambiado la existencia de millones de personas.


    Sri Daya Mata

    La redacción de Autobiografía de un yogui fue un proyecto en el que Paramahansaji trabajó durante muchos años. Cuando yo llegué a Mount Washington, en 1931, ya lo había comenzado. En cierta ocasión, cuando me encontraba en su estudio desempeñando ciertas tareas en calidad de secretaria, tuve el privilegio de ver uno de los primeros capítulos que escribió: el que se refería al «swami de los tigres». Gurudeva me pidió que lo guardara, indicándome que era material para un libro.

    Sin embargo, la mayor parte de la obra fue redactada entre 1937 y 1945. Paramahansaji tenía tantas responsabilidades y obligaciones que no podía trabajar todos los días en la Autobiografía; no obstante, por lo general le dedicaba las primeras horas de la noche y cualquier otro tiempo libre de que dispusiera para concentrarse en ella. En esa época, un pequeño grupo de discípulas ―Ananda Mata, Shraddha Mata y yo― estábamos siempre a su disposición para ayudarle. Una vez mecanografiado cada capítulo, Gurudeva se lo entregaba a Tara Mata, que desempeñaba las funciones de editora.

    Un día, mientras trabajaba en su autobiografía, el Gurú nos dijo: «Cuando haya abandonado este mundo, este libro cambiará las vidas de millones de personas: será mi mensajero cuando yo me haya ido».

    Al terminar el manuscrito, la responsabilidad de encontrar una casa editora le correspondió a Tara Mata, que la llevó a Nueva York. Paramahansaji tenía en gran estima sus conocimientos y sus aptitudes para la corrección de textos, y con frecuencia la elogiaba abiertamente. «Lo que ha hecho por este libro es casi imposible de describir ―dijo en cierta ocasión―. Antes de partir hacia Nueva York estuvo gravemente enferma; aun así, emprendió el viaje. De no haber sido por ella, el libro no se habría publicado».

    No existen palabras para describir la alegría y felicidad de Gurudeva cuando vio culminada su obra. Nos dedicó un ejemplar a todos y cada uno de los muchos devotos que residíamos en los ashrams. Dado que yo había ayudado a mecanografiar el manuscrito, cuando recibí mi ejemplar ya sabía que se trataba de una obra inmortal, un libro que revelaba por primera vez algunas verdades ocultas para la mayoría de las personas, unas verdades que nunca hasta entonces habían sido expuestas de modo tan diáfano e inspirador. Ningún otro autor ha explicado con tanta claridad como Guruji conceptos tales como la ley de los milagros, la reencarnación, el karma, la vida después de la vida y otras maravillosas verdades espirituales contenidas en sus páginas.

    ¿Cómo reaccionaría ante la fama que ha alcanzado el libro hoy en día? Sin duda se sentiría humildemente conmovido al ver que Autobiografía de un yogui ha penetrado en todos los rincones de la tierra, que ha llegado a personas de todas las edades y de las más diversas culturas, razas y religiones, y que ha sido acogido con grandes elogios y enorme entusiasmo a lo largo de los últimos cincuenta años. Guruji nunca fue engreído. En absoluto. Mas no por ello dejaba de reconocer el valor de lo que había escrito, porque sabía que era expresión de la Verdad.

    Tara Mata

    Py Ay Stories Of Direct Disciples Tara Mata
    Py Letter To Lauri Pratt
    Dedicatoria que figura en el ejemplar de «Autobiografía de un yogui» que Paramahansaji regaló a Tara Mata (Laurie Pratt). En «Agradecimientos del autor», rinde homenaje a su labor editorial, y en la dedicatoria pone de manifiesto lo mucho que valoraba el magnífico servicio que había prestado esta apreciada discípula.

    Para Laurie Pratt

    «Que Dios y los Gurús te bendigan siempre por el valiente y amoroso papel que has desempeñado en la realización de este libro. P. Y.».

    «Por fin, la sagrada fragancia de Dios, de mis gurús y de los maestros ha brotado a través de las secretas puertas de mi alma, tras superar innumerables obstáculos y gracias a los constantes esfuerzos de Laurie Pratt y de otros discípulos. Todos los leños de las dificultades han ardido en la eterna llama del gozo».

    Mrinalini Mata

    Fue una tarde a finales de 1946. Los devotos más jóvenes nos encontrábamos en la cocina de la ermita de Encinitas llevando a cabo diligentemente nuestras tareas cuando, de pronto, Gurudeva apareció en la puerta. Detuvimos de inmediato nuestra actividad. Su amplia sonrisa nos llamó la atención, y nos dimos cuenta de que el brillo de sus ojos era más hermoso que el habitual. Traía «algo» escondido detrás de la espalda. Llamó a los que estaban más alejados y, cuando estuvimos todos ante él, nos enseñó el tesoro escondido: un ejemplar de su libro, Autobiografía de un yogui, que le había llegado como primicia. Nuestras exclamaciones apenas podían expresar la inmensa alegría que sentíamos al contemplar por fin la esperada obra en la que narraba su vida en la India, entre grandes santos y sabios, narraciones que tan a menudo nos habían cautivado durante las preciadas horas que habíamos pasado en su compañía. Nos mostró algunas páginas, dejando para el final la ilustración de Mahavatar Babaji. Casi sin aliento, le expresamos nuestra veneración. Éramos conscientes de la bendición que suponía ser los primeros en contemplar el retrato de nuestro param-param-paramgurú.

    A principios de diciembre, fuimos todos convocados a Mount Washington para desembalar los voluminosos paquetes remitidos desde la editorial y preparar los envíos a los cientos de devotos que esperaban el libro ansiosamente. Con varias semanas de antelación, en los ratos libres, habíamos ido mecanografiando las direcciones en etiquetas adhesivas, utilizando nuestra vieja máquina de escribir. Colocamos en la oficina unas mesas enormes (unas simples tablas apoyadas sobre caballetes) y formamos una especie de cadena de montaje: había que cortar a mano, justo a la medida, el papel de embalar, que venía en un rollo grandísimo; después, empaquetar cada libro; luego, ponerle la etiqueta y los sellos correspondientes, previamente humedecidos en una esponja mojada. ¡En aquellos días no disponíamos de máquinas para el empaquetado ni para el franqueo automático! Pero ¡qué alegría formar parte de un acontecimiento que iba a ser inolvidable en la historia de Self-Realization Fellowship! El mundo entero llegaría a conocer a nuestro bendito Maestro a través de ese sublime embajador.

    En la sala de estar del segundo piso, Gurudeva se sentó ante un escritorio y firmó un autógrafo en cada libro. Estuvo así durante varias horas, sin parar, sin descansar. Los libros se iban sacando de las cajas enviadas por la editorial, se abrían y se colocaban ante él, en un flujo incesante de firmas…, vaciando una pluma tras otra.

    Ya era tarde cuando me mandó subir. Seguía firmando autógrafos. Los discípulos de más edad le instaban a que descansara un poco, pero rehusó hacerlo hasta que estampó su firma, junto con su bendición, en el último libro de aquella remesa. Su rostro resplandecía con la más beatífica expresión que uno pueda imaginar, como si, a través de esas páginas, estuviera enviando al mundo entero una parte de sí mismo y de su amor a Dios, y eso no debiera demorarse ni un segundo más.

    Con gozo inexpresable, nos sentamos a sus pies y estuvimos meditando hasta altas horas de la madrugada. Cada uno de nosotros había recibido de manos del Maestro un ejemplar del preciado tesoro. Otros muchísimos libros estaban ya preparados para ser enviados por correo al día siguiente o empaquetados para llevarlos a los templos de Hollywood y de San Diego. Autobiografía de un yogui se encaminaba así hacia su divino destino, llevando por fin las bendiciones del Gurú y su amor a Dios a millones de buscadores de la Verdad.

    Sailasuta Mata

    Paramahansaji redactó la mayor parte de Autobiografía de un yogui ―un proyecto que tardó varios años en completar― en la ermita de Encinitas. En aquella época residían allí unos pocos discípulos, entre los que me contaba yo.

    Guruji trabajaba en su estudio, con la ayuda de Daya Mata y Ananda Mata, que actuaban como secretarias: escribían a máquina o tomaban taquigráficamente lo que el Maestro decía. Recuerdo que, en algunas ocasiones, estuvo dictándoles durante toda la noche; y, a veces, también a lo largo del día siguiente, y aún más. Yo tenía asignada una tarea muy diferente: consistía en prepararles la comida ¡para que ellos pudieran trabajar sin interrupción!

    Cuando llegaron los primeros ejemplares de Autobiografía de un yogui, procedentes de la editorial, hubo entre nosotros un gran regocijo. ¡Guruji quiso que enviáramos enseguida el libro a todos los que lo habían encargado con antelación! Así que, tras los primeros momentos de alegría, estuvimos muy atareados preparando los muchos pedidos pendientes. La Hermana Shila y yo empaquetamos muchos libros, pusimos los sellos correspondientes y lo dejamos todo preparado. Después acercamos el coche y, con el maletero y todas las puertas abiertas, lo llenamos hasta arriba. A continuación llevamos los paquetes a la oficina central de correos de Los Ángeles. Estábamos muy contentas. ¡Por fin Autobiografía de un yogui iba a estar disponible para la gente en todas partes!

    Hermano Bhaktananda

    Al poco tiempo de haber ingresado yo en el ashram, en 1939, Paramahansaji estuvo un día hablando con algunos de nosotros en la galería del edificio de la sede central, en Mount Washington. Nos comentó que Dios le había revelado que, durante su vida en la Tierra, tendría que escribir determinados libros; y que, una vez los hubiera escrito, su misión aquí habría terminado. Autobiografía de un yogui era uno de ellos. Cuando se publicó, lo leí de punta a cabo en un par de días. ¡Lo encontré tan maravilloso e inspirador! Recuerdo que, ya entonces, pensé que este libro jugaría un papel importante en la labor de despertar interés por las enseñanzas de Paramahansaji. Hasta ahora no hemos visto más que la punta del iceberg.

    Uma Mata

    Cuando conocí a Paramahansa Yogananda, en 1943, yo tenía apenas nueve años. Mi padre era miembro de Self-Realization Fellowship y asistía regularmente a los oficios que se celebraban en el templo de San Diego. Era una persona muy modesta y nunca trató de convencer a nadie de sus creencias, ni siquiera a mí: jamás me enseñó el ejemplar de Autobiografía de un yogui que Paramahansaji le había regalado. Cuando lo descubrí por casualidad, en 1947, tardé algún tiempo en leerlo, pues yo era muy joven y el libro ¡tenía palabras tan complicadas! No obstante, desde el primer momento se convirtió en un refugio para mí, en un bálsamo para el alma. Autobiografía de un yogui nos muestra, por encima de todo, que es posible conocer a Dios.

    Mukti Mata

    Recuerdo muy bien la primera Navidad que pasé en el ashram, que fue la de 1946. Paramahansaji había terminado de escribir Autobiografía de un yogui y nos regaló un ejemplar a cada uno de los que residíamos allí. Sus páginas reflejaban con poder la viva y encantadora personalidad de nuestro Gurú —el amor y el gozo que sentíamos en su presencia—. ¡Cuán inspirados nos habíamos sentido al escucharle relatar personalmente muchos de los episodios narrados en el libro! Y ahora, a través de esas páginas, otras muchas personas podrán sentirse igualmente inspiradas.

    Hermana Parvati

    Recuerdo claramente el momento en que se publicó por primera vez Autobiografía de un yogui. Algún tiempo después, le pedí a Paramahansaji que escribiera en mi ejemplar un breve pensamiento. Y escribió lo siguiente: «Encuentra al Infinito oculto en el altar de estas páginas». En algunas ocasiones, cuando necesito algo en particular, abro Autobiografía de un yogui al azar ¡y me aparece un pasaje que «no recuerdo haber visto antes»! Y siempre ocurre que, en una forma u otra, trata exactamente del tema que preciso en ese momento. Aun cuando yo no hubiera sabido buscarlo, lo cierto es que surge ante mis ojos en el momento en que me hace falta. He comprobado que el consejo del Maestro es absolutamente cierto: es posible encontrar al Infinito oculto en el altar de esas páginas.

    Hermano Anandamoy

    Cuando tenía trece o catorce años pasé las vacaciones de verano en casa de unos tíos míos que vivían en las afueras de Winterthur, una de las principales ciudades de Suiza. Mi tío, que era músico ―pertenecía a una orquesta sinfónica―, también estaba de vacaciones y aprovechaba aquellos días para ocuparse de su amplio jardín. Yo le ayudaba. Como no tenía hijos, se interesaba por mí, por mi formación. Así que, mientras trabajábamos en el jardín, teníamos largas charlas.

    Resulta que a mi tío le atraía enormemente la filosofía oriental. Yo escuchaba ensimismado las explicaciones que me daba sobre el karma, la reencarnación, el plano astral y el plano causal; y, muy especialmente, cuando elogiaba a los grandes maestros ―grandes santos― que habían alcanzado la iluminación. Me hablaba de Buda, que había logrado ese bendito nivel, y de otros santos; y lo hacía en tales términos que despertó en mí un profundo deseo de seguir su ejemplo. Recuerdo que, por aquel entonces, andaba siempre repitiendo mentalmente, una y otra vez: iluminación, iluminación. Obviamente, no entendía bien el significado de esa palabra, pero intuía que era algo muy superior a lo que cualquier hombre común pudiera obtener, fueran cuales fuesen sus logros materiales o artísticos.

    Le pregunté a mi tío cómo podía alcanzarse ese estado, pero él lo ignoraba: sólo sabía que había que meditar y que era necesario tener un gurú que poseyera el conocimiento de todas las cosas. Al manifestarle yo mi ardiente deseo de conocer a un gurú, movió compasivamente la cabeza y me dijo sonriendo: «¡Pobre muchachito! ¡En Suiza no hay gurús!».

    Así que empecé a rezar pidiéndole a Dios un gurú. Anhelaba tanto tener un maestro espiritual que, al regresar a mi pueblo, me pasaba muchas horas en la estación de ferrocarril con la esperanza de que «él» llegara algún día. Pero nada sucedió.

    Tras graduarme en la escuela secundaria, trabajé durante un par de años en el negocio de mi padre, dos años frustrantes. Después empecé una carrera de Arte. Ya para entonces había perdido todo interés por la filosofía hindú, puesto que, al parecer, era imposible encontrar un gurú. Tres años después se me brindó la oportunidad de ampliar mis estudios con Frank Lloyd Wright, un famoso arquitecto de Estados Unidos.

    A los pocos días de llegar a este país fui a visitar a uno de mis tíos, que había venido como emigrante en los años veinte. En cierto momento de la conversación hizo referencia a la filosofía hindú. Cuando le comenté que, años atrás, me había interesado el tema, se le iluminaron los ojos y me llevó a su estudio; una vez allí, tomó un ejemplar de Autobiografía de un yogui y, señalando la fotografía de Paramahansa Yogananda que aparece en la portada, me preguntó si había oído hablar de él. Al responderle que no, me dijo: «Es el hombre más extraordinario que jamás he conocido. ¡Un verdadero maestro!».

    «¿Le has visto? ―exclamé sorprendido―. ¿Dónde está? ¿En Estados Unidos?».

    «Sí. Reside en Los Ángeles». Después me contó que, poco después de llegar a este país, había asistido a una serie de conferencias y clases que impartía Paramahansaji. ¡Y pensar que durante los años que yo había anhelado un gurú mi tío había conocido a un auténtico maestro y había escuchado sus enseñanzas!

    Leí el libro vorazmente. Fue un milagro. Estaba tan fascinado que ni siquiera me daba cuenta de que aquel simple hecho era en sí mismo un milagro, pues mis conocimientos de inglés no eran suficientes como para leer un libro. Poco antes había intentado leer un par de páginas de la autobiografía de Frank Lloyd Wright, y había sido en vano; sólo tras un año de estudiar inglés pude hacerlo. En cambio, no tuve dificultad en leer Autobiografía de un yogui de principio a fin.

    Supe entonces, en el fondo de mi corazón, que había encontrado lo que quería. Y decidí estudiar las enseñanzas de Paramahansa Yogananda para encontrar a Dios.

    Unos meses después, tras haber aprendido algo más de inglés, pude viajar a Los Ángeles. Tenía la esperanza de ver al Maestro. Al entrar en los jardines de la sede central me sentí envuelto por una paz inenarrable…, algo que nunca antes, en ningún otro lugar, había experimentado. Supe que pisaba un terreno sagrado.

    El domingo por la mañana asistí al oficio que celebraba Paramahansaji en el Templo de Hollywood. Era la primera vez que le veía en persona. ¡Fue una experiencia inolvidable! Al terminar, el Maestro se sentó en una silla y la mayoría de los presentes se acercó a saludarle. No tengo palabras para expresar lo que sentí mientras esperaba en la fila. Por fin, al llegar ante él, tomó mi mano entre las suyas; le miré a los ojos, unos ojos profundos y radiantes que me miraban llenos de ternura. No pronunciamos una sola palabra. Pero enseguida me sentí henchido de un gozo indescriptible que vino a mí a través de sus manos y de su mirada.

    Salí del templo y caminé aturdido por la calle Sunset. Me sentía tan eufórico que no podía andar derecho. Me tambaleaba como si estuviera ebrio. No sólo eso sino que, como no podía contener mi alegría, me reía a carcajadas. Las personas que iban caminando por la acera delante de mí se giraban y se quedaban mirándome; y los que venían de frente se apartaban moviendo la cabeza con gesto de reprobación por el espectáculo de la borrachera que creían contemplar un domingo por la mañana. Pero me daba igual. Nunca en mi vida me había sentido tan feliz.

    Poco después de esta experiencia ingresé como monje en el ashram de Self-Realization Fellowship.

    Hermano Premamoy

    El Hermano Premamoy fue monje de la Orden monástica de Self-Realization Fellowship durante más de 35 años. Llegó a ser ministro de dicha Orden. Durante muchos años, hasta su fallecimiento ―acaecido en 1990―, se ocupó del entrenamiento espiritual de los monjes jóvenes de las comunidades monásticas de SRF. A un grupo de ellos les relató lo siguiente:

    Había nacido en Eslovenia. Pertenecía a una familia aristocrática ―emparentada con la realeza y con otras familias influyentes de aquel país― que tuvo que partir al exilio a raíz de la ascensión al poder del Partido Comunista al final de la Segunda Guerra Mundial. En 1950, el Departamento de Asuntos Exteriores de Estados Unidos le ofreció la posibilidad de inmigrar a este país.

    En otoño de ese mismo año, justo antes de embarcar para Nueva York, una antigua amiga de la familia ―Evelina Glanzmann― le entregó un obsequio de despedida. Por la forma del paquete pensó que se trataba de una caja de bombones y, ya en el barco, lo abrió para compartir el regalo con sus compañeros de viaje. Pero, ante su sorpresa, lo que encontró fue un libro: Autobiografía de un yogui.

    Aunque el regalo le emocionó mucho, no por eso sintió deseos de hojearlo. De jovencito había sido un insaciable lector, pero aquellos tiempos habían quedado atrás. (Más tarde diría que la mayoría de los libros que había leído en su vida los leyó antes de cumplir 15 años). Por otro lado, la filosofía oriental no le era desconocida: siendo adolescente, se había prendado del Bhagavad Guita y se lo había aprendido casi todo de memoria. De modo que, al ver el tema de Autobiografía de un yogui, su primera reacción fue decirse a sí mismo: «No lo leeré… ¡No quiero “engancharme”!».

    Una vez instalado en Estados Unidos, entró en el mundo de los negocios; y, poco después, le ofrecieron el puesto de secretario personal del Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld (puesto al que renunció antes de ir a California). Iban pasando los meses y Autobiografía de un yogui seguía depositado en un estante, en su casa de Nueva York, sin abrir. Entretanto, la Sra. Glanzmann ―que había traducido la obra al italiano― le había preguntado varias veces su opinión sobre el libro. Pero ni aun así se animaba a leerlo. Hasta que un día le escribió en estos términos: «Di que te gusta o que no te gusta, pero ¡di algo!». Casualmente era el 6 de marzo, día de su cumpleaños, y había estado reflexionando sobre qué iba a hacer de su vida; así que, con aire pensativo, tomó el libro y empezó a mirarlo.

    Entusiasmado, lo leyó todo de una vez. Comprendió que el autor, Paramahansa Yogananda, tenía una percepción espiritual muy superior a la de cualquier otra persona que pudiera haber conocido, y decidió escribirle.

    Lo menos que podía imaginar cuando echó la carta al correo era que el Gurú estaba viviendo el último día de su vida terrenal. Sólo algún tiempo después, cuando Sri Daya Mata respondió a su carta, se enteró de su desaparición.

    Seguían pasando los meses y ni el libro ni su autor se apartaban de su pensamiento. Así que, llegado el verano, decidió viajar a Los Ángeles para conocer más de cerca las enseñanzas de Paramahansaji. Al entrar en los jardines de la Sede Central de Self-Realization Fellowship, se le acercó un desconocido que, con aspecto jovial y una radiante sonrisa, le abrazó afectuosamente, como si él fuera un viejo amigo largo tiempo esperado al que daba calurosamente la bienvenida. No intercambiaron una sola palabra. Más tarde, cuando le presentaron a su nuevo «viejo amigo», supo que se trataba de ¡Rajarsi Janakananda, presidente por aquel entonces de Self-Realization Fellowship!

    Así fue cómo el libro al que Paramahansaji se había referido como «su mensajero» ejerció su mágico influjo una vez más, pues a partir de aquel momento quedó claramente establecido el curso que seguiría la vida del Hermano Premamoy.

    Hermana Shanti


    En 1952 yo trabajaba como secretaria del subdirector de un hotel de Los Ángeles situado en la calle Wilshire, el Hotel Ambassador. Un trabajo fascinante, en un ambiente selecto, que me permitió conocer a algunas personalidades mundialmente famosas. Pero nunca imaginé que pudiera tener tanto impacto en mi vida un simple nombre que llegó por entonces a mis oídos.

    El 6 de marzo, el secretario de un productor de cine llamó al hotel y dejó un mensaje para Paramahansa Yogananda. El nombre retumbó en mi pecho como una campanada y la cabeza empezó a darme vueltas; pero, al mismo tiempo, me invadió un inmenso gozo. Tambaleándome un poco, me dirigí a la recepción para hacer efectiva la entrega del mensaje. Allí me informaron de que, aunque el embajador de la India y su comitiva estaban alojados en el hotel, nadie se había registrado bajo ese nombre. Mientras regresaba a mi despacho, las palabras «Paramahansa Yogananda» seguían dándome vueltas en la cabeza, produciéndome, al mismo tiempo, un sentimiento creciente de gozo y amor. Al cabo de un momento llamó el productor de cine. «¿A quién iba destinado el mensaje que le ha dado mi secretario hace un rato?», preguntó. «A Paramahansa Yogananda», respondí. «¡Eso es lo que creí haber oído! ―exclamó―. Pero ésa no es la persona a quien iba dirigido, y mi secretario lo sabía. ¡Y el caso es que él no tiene ni idea de por qué ha pronunciado ese nombre!».

    Permanecí el resto del día con una extraña sensación de percepción interna y, también, con la impresión de estar profundamente unida a ese nombre. Y llegó el 7 de marzo, el fatídico día del mahasamadhi de Paramahansa Yogananda. Lo leí en el periódico a la mañana siguiente, y me sentí como si hubiera perdido a mi mejor amigo. Para mí fue una noticia demoledora, ¡como si mi vida se hubiera acabado de repente! No hacía sino pensar: «¡Se ha ido! ¡Lo he estado esperando durante toda la vida y ahora se ha ido!». Pero no sabía muy bien por qué pensaba eso pues, en realidad, yo nunca había buscado a ningún maestro ni había tratado de seguir un camino espiritual. Aun así, en el fondo sabía que era cierto que había perdido a la persona más importante de mi vida.

    A partir de aquel momento, la existencia ordenada y más bien agradable que había llevado hasta entonces dejó de interesarme. Cancelé de pronto planes importantes, me aparté de mis amistades y empecé mi búsqueda a través de la lectura. Ni por un momento se me ocurrió averiguar si Paramahansa Yogananda había escrito algo; lamentaba que se hubiera ido, simplemente, y haber perdido la oportunidad de conocerle. Después de leer cuatro libros relacionados con la metafísica ―no saciaron la profunda necesidad de mi alma― que había sacado de la biblioteca pública de Hollywood, volví allí para seguir buscando en el mismo sector. Mi madre, que se había contagiado un poco de mi fervor, me acompañaba. Pues bien, cuando estaba llegando al final de la sección, que creía haber examinado cuidadosamente, de repente un libro resbaló de un estante superior, me golpeó en la cabeza y cayó al suelo. Mi madre lo recogió y me lo mostró, con un suspiro: Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda. ¡Ahí estaba, ante mis ojos, el nombre que añoraba mi corazón y el rostro cuya mirada penetraba hasta el fondo del alma!

    Yo leía el libro por la noche; mi madre, durante el día, mientras yo estaba trabajando. Aunque «leer» no es quizá la palabra más adecuada para describir de qué forma nos absorbía la experiencia de entrar en el mundo de la verdad: el origen de la vida, el discipulado, la ciencia del Kriya Yoga…, todo se explicaba con claridad en Autobiografía de un yogui.

    Poco después asistimos a uno de los oficios que se celebraban en el Templo de Hollywood. Y me sentí arrollada por la misma dinámica «presencia» que me envolvió el día en que oí por primera vez el nombre del Gurú al teléfono. Al terminar el oficio, Meera Mata nos saludó amablemente; estuvo conversando un poco con nosotras y me sugirió que fuera a Mount Washington a conocer a su hija, Mrinalini Mata. En la sede central nos hablaron de la Orden monástica, y… ¡por tercera vez fui «seducida»! Primero, por Paramahansa Yogananda; luego, por Autobiografía de un yogui; y ahora, por el ideal de una vida de renunciación entregada únicamente a Dios.

    Después de contar lo que me había ocurrido el 6 de marzo cuando oí por primera vez el nombre de Paramahansa Yogananda, es decir, el efecto que me había causado, me enteré de que él había estado en el hotel aquella mañana asistiendo a un desayuno celebrado en honor del embajador de la India, Su Excelencia Binay R. Sen. El desayuno había tenido lugar en un salón contiguo a mi despacho. Cuando recibí la llamada de teléfono y escuché su nombre, el Maestro se encontraba sentado justo al otro lado de la pared junto a la que se hallaba mi mesa de trabajo.

    El Gurú está llamando a «los suyos» a través de su magnífica autobiografía. Algunos tardamos mucho en enterarnos, ¡y necesitamos un golpe en la cabeza, como en mi caso! Pero ¡cuán dichosos son los muchísimos que escuchan su voz y responden a su toque de clarín!

    Reseñas y comentarios notables

    Comentarios sobre «Autobiografía de un yogui»

    «Tratándose del relato de un testigo ocular sobre las extraordinarias y poderosas vidas de los modernos santos hindúes, este libro tiene una importancia oportuna e infinita. […] Este extraordinario documento de su vida es ciertamente uno de los más reveladores […] de la riqueza espiritual de la India, tal como nunca se ha publicado en Occidente».

    — W. Y. Evans-Wentz, M. A., D. Litt., D. Sc.,

    célebre erudito y autor de numerosos libros sobre religiones orientales

    «Le estoy agradecido por haberme proporcionado una vislumbre de este mundo fascinante».

    — Thomas Mann, premio Nobel

    «Muy pocos libros han tenido un mayor impacto sobre la teología popular que la Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda».

    — Phyllis A. Tickle,

    autor de God-Talk in America

    «En la célebre Autobiografía de un yogui [de Paramahansa Yogananda], él ofrece una asombrosa descripción de la “conciencia cósmica” que se alcanza en los niveles superiores de la práctica yóguica, así como numerosas e interesantes perspectivas de la naturaleza humana desde el punto de vista del Yoga y del Vedanta».

    — Dr. Robert S. Ellwood,

    decano de la Facultad de Estudios Religiosos en la Universidad del Sur de California

    «Elogiado, con justicia, como una de las obras espirituales más amenas y esclarecedoras que jamás se hayan escrito».

    — Tom Butler-Bowdon,

    autor de 50 clásicos espirituales: Sabiduría eterna de 50 grandes libros sobre descubrimiento interior, iluminación y propósito vital

    «Uno de los relatos biográficos más encantadores, sencillos y autoreveladores […] un auténtico tesoro de conocimientos. Las grandes personalidades que encontramos en estas páginas […] vuelven a la memoria como amigos dotados de una vasta sabiduría espiritual, y uno de los más grandes de éstos es el autor mismo, un ser lleno de embriaguez divina».

    — Dra. Anna von Helmholtz-Phelan,

    profesora de Inglés de la Universidad de Minesota

    «Década tras década, Autobiografía de un yogui ha sido uno de los libros que más hemos vendido. Otros libros son relegados al olvido después de cierto tiempo, pero éste perdura, porque la investigación crítica llevada a cabo a lo largo de los años ha demostrado que abre, de manera conmovedora y sublime, el camino a la realización espiritual».

    — Librería Bodhi Tree, Los Ángeles (California)

    «Tengo montones de ejemplares de Autobiografía de un yogui por la casa, y los obsequio constantemente. Cuando las personas necesitan reencontrar su camino, les digo que lean este libro, porque se dirige al corazón de todas las religiones».

    — George Harrison

    «Leí por primera vez Autobiografía de un yogui en los años setenta. […] Esta obra me inició en el sendero del yoga, la meditación y la autoexploración, un sendero que continúo recorriendo hasta el día de hoy».

    — Jack Canfield,

    coautor de la serie Sopa de pollo para el alma®

    «Autobiografía de un yogui está considerada un Upanishad de la nueva era. [...] Esta obra ha satisfecho la sed espiritual de miles de buscadores de la verdad en todo el mundo. En la India hemos seguido con asombro y fascinación el extraordinario aumento de la popularidad de este libro que trata de los santos y la filosofía de la India. Nos ha causado gran satisfacción y orgullo comprobar que el inmortal néctar del Sanatana Dharma —las leyes eternas de la verdad—, originario de la India, ha sido preservado en el cáliz dorado de Autobiografía de un yogui».

    — Dr. Ashutosh Das, M. A., Ph. D., D. Litt.,

    profesor en la Universidad de Calcuta

    «Existe un gran número de libros escritos en lenguas occidentales que exponen la filosofía de la India y particularmente el Yoga, pero ninguno de ellos nos revela de manera más genuina las experiencias de un ser humano que vive estos principios y que es la personificación misma de ellos».

    — Dr. Kurt F. Leidecker,

    profesor de Filosofía en la Universidad de Virginia

    «Me encontré con Paramahansa Yogananda en dos ocasiones durante la década de los treinta, siendo yo un niño. […] Veinte años después, alguien me regaló un ejemplar de Autobiografía de un yogui. […] Desde el momento que comencé a leerla, me impactó. […] He leído numerosos libros sobre yoga, escritos por yoguis, pero ninguno me causó una impresión tan favorable como este libro».

    Ravi Shankar,

    intérprete y compositor de música clásica hindú

    «El libro que yo más hubiera deseado haber escrito es la Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda, pues entonces habría tenido todas las experiencias fabulosas que describe él sobre su infancia y juventud en la India a principios de siglo. ¿Quién no querría haber conocido gurús verdaderos y santos en vida?».

    — Dr. Andrew Weil,

    experto en salud y autor de Salud total en 8 semanas

    «A quienes les interese aprender filosofía oriental y técnicas de meditación […] un libro que ha enriquecido enormemente mi vida, y que continúa siendo el favorito de muchos miles de personas, [es] Autobiografía de un yogui. […] [Paramahansa Yogananda] fue un prolífico escritor y un monje sumamente devoto; su autobiografía es uno de los libros más cautivadores que se puedan adquirir hoy en día».

    — Cate Tuttle,

    San Diego Union-Tribune

    Adquiera su ejemplar

    Cincuenta ediciones de Autobiografía de un yogui, exhibidas por miembros monásticos y empleados de SRF, en el Centro de Publicaciones de SRF.

    Py Ay Translations Dsc 4112 Exp Cropped

    Tapa blanda

    Autobiografía de un yogui también está disponible en:

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